Bienvenid@s.

Este es mi blog, un pequeño sitio donde vengo de cuando en cuando a soltar ideas en forma de entradas. Siéntete libre de curiosear lo que quieras, como también de comentar lo que te apetezca. Encontrarás un gazpacho fresquito -o no- de temas. Espero que disfrutes y gracias por dedicarme algo tu tiempo.

Diego.

No tienes suficiente.

 Al principio empiezas negando situaciones tan simples como inocentes, no tienes suficiente. No puedes acceder a lo mismo que tus compañeros. Creas tu propio mundo de fantasía, donde no existe la muerte ni la destrucción, donde tú eres el dueño de los acontecimientos. Donde siempre hay de sobra, porque nunca hay.

Pero ese mundo idílico y pueril, basado en deseos y sueños, se derrumba lentamente piedra a piedra, deseo a deseo. Todo lo que te rodea está lleno. Siempre tienes que tener. No podrás entrar, no tienes suficiente. No puedes empezar a volar, no tienes bastante. Miras atrás y tu vida de ensueño empieza a destrozarse. Los buenos momentos vividos empiezan a ser un esbozo de otros nuevos, totalmente distintos que se jactan de los anteriores. Tu niñez te mira en sueños y te insulta. ¿Qué eres?

Sigues sin tener suficiente. Encasillado y con horario, empiezas a formar parte de una gran maquinaria, donde tu papel no es mas importante que el de cualquier otro capaz de reemplazarte. Pieza en el tablero, comienzas con desventaja, sigues sin tener suficiente. Queda prohibido estar triste, quedan prohibidas las depresiones. Tienes cosas más importantes que aprobar. Tu propia felicidad puede esperar, y nunca creas llevar la razón, pues él te da la felicidad pero nunca tendrás suficiente.

Crecimos. Las ramificaciones son extensas, partimos de un mismo árbol pero ahora somos hojas indiferentes que se mecen en la brisa que precede a la tempestad. No hay tiempo de tener miedo. No hay tiempo de ser uno más. Písalo. Nunca tendrás suficiente, siempre te pedirán más. Sueñas con tu niñez, que se ahorca en un rincón de tu mente, mientras tu lado joven prostituye a la felicidad, vendida entre falsos valores que siempre te piden más. Todos en el juego, todos unidos y todos separados.



"Dejé de soñar, no me llegaba el dinero"

Y tú...¿ya has tenido suficiente?

Sigue importando más la apariencia.

No me gusta generalizar, y siempre trato de evitar llegar a este tipo de conclusiones, pues siempre quedan casos especiales que por suerte o por desgracia, desmienten o confirman algunas teorías.

Pero pese a no querer generalizar, es una lástima tener que decir confirmar el gran número de casos. La de veces que le damos importancia a la apariencia. Y no hablo del físico, sino de la apariencia en sí, es decir, al modo de vestir o a la imagen pública que cada persona ofrece al resto del mundo.

El  caso mas inmediato que se me viene a la mente data de hace unas horas, cuando me disponía a hacer uso del transporte público urbano, concretamente de un autobús. Había mucha gente, y los asientos reservados a personas con edad avanzada o minusvalías estaban llenos, la mayoría por gente que realmente necesitaba dichos asientos -personas de avanzada edad- salvo un par de asientos, ocupados por dos mujeres de mediana edad, y sin ningún tipo de dolencia o minusvalía física.
Cuando avanzamos un par de paradas, contando la mía propia como inicio, entró un chico, que podía ser un poco mayor que yo, calculo unos veinticinco o veintiséis años. Se parecía a mí en cuanto a apariencia, pues iba casi rapado y con patillas, y vestía de negro. Pero en su mano había algo que me llamó la atención, y es que este chico llevaba una muleta, y no andaba de forma correcta.
Entró este chico en el autobús, y comprobó como efectivamente, no había sitio para sentarse, así que, pasó hacia el pasillo y se quedó de pie. Y así se llevó hasta que llegó a su parada, que era la última. Lo curioso fue que este chico en ningún momento pidió asiento, pero más curioso fue que nadie se dignó siquiera a cederle su sitio, ni las dos señoras que estaban sentadas en un sitio que estaba destinada a gente como este chico. Nosé si es por su edad, o por su forma de vestir, me decanto por esto último, por esa primera impresión que les hizo pensar que quizás, no era justo que alguien así se sentara en un sitio como en el que estaban sentados ellos, a priori mejores, más educados y menos violentos.

Quizá esté llevando esto al extremo, pero supongo que algo de razón tendré, aunque sea ínfima.

Y lo mismo en otras muchas cosas, como las bandas de música que empiezan a surgir ahora. Se preocupan más por tener una gran portada con una buena foto de grupo o un nombre que "mole" antes que por tener siquiera cuatro canciones que no suenen a desgarro anal. No importa la apariencia, ni lo que lleves o dejes de llevar, si hay algo que te gusta y tú lo sabes, no pierdas tiempo dando explicaciones a gente que posiblemente jamás te logre entender, pues estará centrado en criticar el jersey a cuadros que llevas, en vez de llevar una chupa de cuero poderosa como la suya.

Llueve sobre mojado.


"Sueño conmigo mismo ardiendo en el infierno, con los cuerpos inertes de todos aquellos que me hicieron llorar, que me hicieron sangrar, que me hicieron querer morir. Y entonces, al verlos, esbozo una sonrisa.
Me agacho y recojo de entre tanta mierda un cuerpo de un niño de unos 9 años. Es un cuerpo que conozco. Soy yo. Es mi niñez. Que ahora descansa juntos con sus asesinos."

Llueve sobe mojado. Golpean tu mente los recuerdos de aquellas risas y burlar, vuelven a entrar en ti. Llueve sobre mojado. Te acuestas planeando la mejor venganza, soñando con la oportunidad de acabar con todos y con cada una de las chicas y chicos que te lanzan piedras tras su muro de cobardía. Llueve sobre mojado. No es dolor lo que tu corazón siente, eso dejó de existir. Llueve sobre mojado. Tu corazón late deprisa, tu respiración se acelera, empiezas a apretar los puños, miras al suelo, cierras los ojos con fuerza. Llueve sobre mojado. Lanzas golpes sin saber siquiera la dirección, tus maños se tiñen de color carmín, y un cuerpo golpea el asfalto. Llueve sobre mojado. Y entonces recuerdas todos los golpes que te dio, todos los golpes que aplaudió, todos los golpes que no evitó. Llueve sobre mojado. Y no se te pasa la palabra "piedad" por tu cabeza, ni te tiembla el pulso cuando levantas la pierna, para pisarle de forma violenta la rodilla, destrozándole la rodilla en dos. Llueve sobre mojado. Y vas a por más, no distingues sexos ni colores, tu corazón se llena de dolor y rabia, y de un ojo cae una pequeña lágrima, el último ápice de bondad que quedaba en ti.

Llueve sobre mojado.Llueve sobre mojado.Llueve sobre mojado.Llueve sobre mojado.Llueve sobre mojado.Llueve sobre mojado.Llueve sobre mojado.Llueve sobre mojado.Llueve sobre mojado.Llueve sobre mojado.

Y vas a la cárcel, por asesinato, por protagonizar una brutal agresión a un grupo de chicos y chicas. Inocentes, humanos, bondadosos, cristianos. Te llaman monstruo careces de sentimientos. Nadie logra entenderte, nadie defendió tu caso. El asesinato se llevó de forma colectiva, nadie tuvo cojones de alegar lo más mínimo. Ahora tú, clamas venganza, ahora tú, has roto la delgada línea entre el bien y el mal.
Y en tu puto rostro no ves más que una sonrisa.

¿Libre, quién?

Hoy día parece estar instaurada entre algunos jóvenes -y jóvenas, que luego se me acusa de machista- cierta predilección por ir siempre a contracorriente, como si la contracorriente fuera ahora una especie de estatus quo en el que todos quieren estar, por no sentirse fuera de onda.


Jóvenes y no tan jóvenes que gritan al aire que son libres, que dicen ser autosuficientes y con una conciencia plenamente formada y a la vez, totalmente independiente del mundo que les rodea, nada mas lejos de la verdad. No parecen ser conscientes, del mundo en el que nos toca vivir, y del modo en el que ese mundo, se mueve, un modo general, un modo heterogéneo... hablamos del cosmopolitismo.


Desde que vivimos estamos condicionados a ser de un modo, negando nuestra libertad incluso antes de existir siquiera. Actuamos influenciados por nuestro entorno, que gracias al mundo de los medios, nuestro entorno abarca al mundo entero. Nadie lleva su propio rumbo. Lleva un rumbo ya prefijado, no quizá por su vecino pero sí por su cantante de Jamaica. O quizás un rumbo que dirige cierto liberador cubano de moda, sobre el cual -que cabe destacar su magnánima figura contra el capital- se está creando una riqueza, que nadie podrá negar, pues sus camisetas y demás artículos se venden como pan caliente.


Pensamos que somos únicos -y lo somos en cierta manera- a la par que soberbios, pero no somos más que un mejunje creado por años de educación, no necesariamente paternal, pues en la educación afectan multitud de factores más.


Así que mejor, vivan la vida del mejor modo que sepan, intenten siempre cuestionar todo aquello que llegue a sus vidas, información como amistades como cualquier tipo de sentimiento que crean que ha florecido. Nunca aseguren nada, siempre tengan un plan B, pues en la mayoría de ocasiones las cosas nunca ocurren como uno quiere, pues de un momento a otro, uno quiere blanco como mañana puede querer negro. Valorad con sumo aprecio todo aquello que emane el más mínimo ápice de certidumbre y jamás os rindáis.


Pues en esta vida no es más libre el más valiente sino el que menos teme.

Sobre la soledad

Desde que el ser humano nace, hasta que muere, comparte un miedo común que pocas personas logran superar. Y las que lo logran, ejercen un esfuerzo tan titánico como erosivo, convirtiéndose en seres casi utópicos.

Yo pagaría un pulmón -si fuese necesario- para que este miedo abandone mi forma de ser, pero realmente, no creo que se acepten ese tipo de pagos, así que viviré con esto hasta que mi cuerpo caiga por su propio peso. Mientras tanto, el debate queda abierto así que cada uno debe pensar si quiere a su pareja por que la necesita o la necesita por que la quiere.

En cualquiera de los casos, supongo que si se es feliz, que mas dará. Uno, en su intrínseco pensamiento, intenta atisvar un mínimo de futuro en sus relaciones, pues la frecuencia con la que encontramos un beso y un sentimiento sincero a la par que embriagador, cada vez es más hipócrita.

Y es que lo esencial para perder este miedo, es querer perderlo.